El último Jueves, una joven de nuestra ciudad vivió un calvario, en una curiosa modalidad de hecho delictivo. Se despertó cerca de las 6 de la madrugada en la vivienda de sus padres, que se encontraba cuidando, con una persona alcoholizada intentando asfixiarla. Posteriormente, debió afrontar dos horas de una insospechada pesadilla, hasta que el malviviente se retiró, llevándose una reducida cantidad de dinero.



La joven, hija de un reconocido dirigente político de nuestra ciudad, candidato a Intendente de Pico Truncado, se acostó cerca de la 1 de la madrugada. Más allá de que confiesa tener el “sueño pesado”, se sorprendió al despertarse a los pies de la cama. Pero mayor fue la desesperación, al notar que un desconocido la abrazaba de atrás sin dejarla moverse.

Forcejearon un tiempo, hasta que el malviviente la alertó de que se quede quieta, “porque hay 5 más”. Se encontraba con un pasamontañas ocultando su rostro, y un profundo aroma a alcohol. La joven decidió hacerle caso. Le ató las manos por atrás con dos fundas de almohada y los ojos con una bufanda. “Ahora me vas a decir donde está la plata”, habría instigado el delincuente, “sino te corto”. Durante dos horas, le “pinchaba” el rostro con un cuchillo de la cocina de la misma casa, mientras la incitaba a dirigirlo a un presunto botín que se encontraría en el lugar.

“Yo acá plata no tengo, mi papá es jubilado, y yo empleada de comercio” argumentó, señalando que habría algo de dinero en su cartera. Le entregó una suma cercana a los 2000 pesos.

La pesadilla se hizo extensa. Hasta el amanecer, la joven fue trasladada por todos los puntos de la vivienda, semidesnuda, atada y sin visión. Incluso, el delincuente le ofrecía cocaína: “vas a probar”, decía. Y constantemente le recorría el rostro y la garganta con el cuchillo. Además, había sido amenazada con que las mascotas estaban sedadas, y que otro grupo se había encargado de su hermana, que dormía junto a su pareja en un departamento aledaño.

El malviviente revolvió toda la casa: retiró los cajones de los muebles, divisó pacientemente la documentación. Pero no se llevó casi nada. Ni los televisores, video juegos, artefactos eléctricos. Ni alguno de los tres vehículos que se encontraban con la llave puesta estacionados en el quincho. Parecía haber recibido un dato de que habría dinero. No pudo llevarse nada.

Cerca de las 8 horas, alertado de que pronto llegaría el padre del hijo de la joven, el delincuente abandonó la vivienda. Se llevó las cámaras de seguridad (que aparecieron tiradas a escasos metros de la vivienda, ubicada en la calle Perito Moreno) e incluso, realizó algunas recomendaciones a la joven: “Ahora me voy, cerrá la puerta pero no llames a la policía todavía, sino te prendo fuego la camioneta de tu papá”.

Rearmó la cerradura del frente de la vivienda, por donde había ingresado y se fue. La joven se sentó en el sillón. Estaba ensangrentada, con la nariz rota, y múltiples moretones en todo el cuerpo. Allí rompió en llanto. Y alertó a su cuñado, que junto a su hermana dormían en el departamento de atrás, afortunadamente sin que nadie “se encargue de ellos”, como había manifestado el delincuente.

CENTENARIO SUR
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