En la empresa creen que fueron engañados por los jefes de la mina con la información del derrame. Por eso los despiden y hay fuertes movidas internas. Las consecuencias penales que alarman. El motivo del episodio fue un error humano en una compuerta. Cómo siguen.


Recién el martes de esta semana, más de dos días después de que se produjo el derrame de solución cianurada en los ríos iglesianos, la gerencia San Juan tomó real dimensión del episodio.

Antes, lo único que recibían desde su staff en Veladero era que no había sucedido nada, y por eso –aseguran- se produjo el error en la comunicación.

Hasta que un dato en una medición los alertó y se decidieron: suspendieron sobre el fin de semana a la planta gerencial del proyecto encabezado por su jefe y se tramita en estas horas sus despidos mientras enfrentan el complicado frente judicial que se avecina.

Eso justifica, según lo que revelan las investigaciones internas de Barrick, semejante giro en la valoración del incidente que realizó la empresa.

El domingo y el lunes, una vez producido el derrame y generada la bola de nieve con rumores de todo tipo, Barrick comunicó que no se había registrado derrame de ninguna solución cianurada al río, mientras que el martes por la noche y el miércoles especialmente terminó admitiendo que se trataron de al menos más de 6 containers de líquido contaminante vertidos en el río.

¿Qué ocurrió en el medio? Según la investigación interna abierta en la empresa, lo que sucedió fue lisa y llanamente un engaño montado por parte de la gerencia del proyecto Veladero, que trabaja con todas sus oficinas y responsables en la propia mina, en perjuicio de la conducción de San Juan. Lo que se ocultó fue que un error humano en el manejo de una compuerta había ocasionado un derrame, que en un momento marcó niveles de mineral en el río Las Taguas aunque ya está controlado por completo.

Aseguran los investigadores internos que todo el tiempo los gerentes de Veladero comunicaron a San Juan que no había existido ningún derrame sino apenas una filtración en una cañería, pero de igual modo la gerencia general de San Juan decidió salir a monitorear los ríos por su propia cuenta.

La ficha les cayó el martes cuando uno de esos análisis de laboratorios les dio niveles más altos de los normales a 70 kilómetros del proyecto, lo que no coincidía para nada con la versión de la gerencia de Veladero de que no existía derrame alguno. Allí fue donde comenzaron las fricciones entre la sede local y el staff de Veladero que es su subalterno, a quien le pedía explicaciones sobre cómo podía ser que no haya ocurrido nada si el nivel del río les estaba dando niveles altos.

Ese dato fue el que generó el vuelco de campaña en Barrick. Lo primero que hicieron ese mismo martes fue activar un mecanismo de provisión de agua a las localidades posiblemente afectadas, Angualasto, Chinguillo y Malimán, pese a que los niveles fueron bajando a medida que pasaba el tiempo por las propias características de la solución que tiende a desaparecer.

Y luego fue modificar el contenido de sus comunicaciones públicas, admitiendo la presencia de un derrame. Pero a la vez, crecía el cortocircuito entre San Juan y Veladero dentro de la propia Barrick para determinar lo que realmente había ocurrido.

Hasta que el jueves por la tarde consiguió subir una delegación de las oficinas centrales de la empresa para comunicarles la suspensión a los responsables del funcionamiento del valle de lixiviación de Veladero, donde se produjo un error humano en el manejo de una compuerta, que es lo que generó el derrame al río.

En estas horas se concreta el despedido del gerente general de Veladero, Antonio Adames. Es una decisión tomada, quedan flecos por formalizar. También otros responsables, cuya identidad y cargo no fueron revelados aún por razones judiciales y sólo se sabe que son otros 4. Es que todos ellos, como también los máximos responsables de la compañía en San Juan deberán responder ante la justicia penal, que investiga si hubo delito de contaminación y quiénes son los responsables.

El miércoles llegó a la provincia una delegación de altos funcionarios enviados directamente desde Toronto por la casa matriz de Barrick. Ellos son los que decidieron el cambio de rumbo en el manejo de la crisis y los alcances de la investigación interna sobre los responsables de lo que presumen como un grave engaño. También decidirán dónde se corta la cadena de responsabilidades internas, además de hacerse cargo de crear las condiciones para continuar con la operación del proyecto.

El motivo, una compuerta

Una filtración de una cañería en un valle de lixiviación no puede generar de ninguna manera la llegada de la solución cianurada al río, para que eso ocurra deben suceder otras cosas. Eso fue lo que levantó sospechas en la sede central de Barrick cuando percibieron los niveles del río el martes, que los llevaron a establecer los motivos del derrame.

Y el motivo, según sus propios análisis, es error humano en la operación de una compuerta. Así de sencillo, no una rotura de un caño, que suelen ocurrir y está la situación montada para contener cualquier desperfecto en las cañerías que transportan las sustancias, que son muchas.

El sistema en el que trabaja la solución cianurada es un circuito cerrado entre la pila de lixiviación, donde hay caños matrices que empalman con otros que van por abajo del mineral, y que en consecuencia es continuamente pasada por arriba por los camiones fuera de borda. Esa pila de mineral rociada por la solución tiene un declive hacia una compuerta que comunica con los piletones, desde donde se bombea el líquido nuevamente al circuito.

Por el borde del valle (o pila, o playa) de lixiviación corren dos canales que sirven para que el agua que baja de la montaña o la nieve desagüen al río y si toma contacto con el valle de lixiviación, se incorpore al flujo que se bombea en el circuito. Por eso el canal conecta con la compuerta, que debe estar regulando la dirección de la sustancia.

Esa compuerta, según el expediente interno de Barrick, estuvo durante un lapso indeterminado de tiempo derivando la solución cianurada al cauce del río y no, como debía a los piletones para ser reutilizado.
Se trata de un estricto error humano, que en Barrick aún no quieren calificar de otra manera: si fue un accidente, si fue un descuido, falta de atención o concentración, o directamente un boicot. Se conocerá a medida que avancen las investigaciones, tanto de la empresa como de la justicia.

Por Sebastián Saharrea
Axact

TNC

R1U

COMENTAR: