Es habitual. Tan cotidiano que no sorprende pero no por ello la práctica es ilegal. Diariamente cientos de vecinos de esta capital y el interior se encuentran con que el pollo que acaban de comprar presenta bloques de hielo debajo de sus alas. ¿La razón? Aumentar su peso mediante una triquiñuela inescrupulosa que podría traer consecuencias a la salud.


Los pollos vienen en bolsa opaca y por eso es difícil saber su condición. Al taco y la vista lucen regordetes, compactos y uno supone que están simplemente congelados, aunque al abrirlos, aparece, debajo de la piel, densos bloques de hielo. Esa agua, de dudosa procedencia fue inyectada en el animal con un solo fin: cobrarle más caro el animal que llevará a su mesa.
Actualmente, el kilo de pollo ronda en Río Gallegos los 25 pesos. Y no es habitual conseguirlos de porte pequeño. Por lo general, cada pieza se acerca a los 70 pesos. También es cierto que los hay frescos, aquellos incluso sazonados, pero su precio es mucho mayor por kilo.
De este modo, una familia que no quiere pagar de más, termina haciéndolo por la estafa del hielo, ese peso que vino de “yapa” y que se diluirá bajo la canilla en deshielo. Esta práctica está prohibida en varios países.
Sin embargo, los comercios de esta capital y sus sucursales en el interior, estos productos caen en la anarquía sanitaria de las áreas de Bromatología de las Municipalidades, que tienen la obligación de controlar en qué condiciones se venden los alimentos y sancionar las irregularidades.
Tiempo FM consultó esta semana al juez de Defensa al Consumidor de Caleta Olivia, Pablo Calicate, quien fue taxativo al advertir que esto “es un incumplimiento en el producto que se vende porque se está afectando su calidad” y que “debe ser denunciado ante las oficinas de Defensa al Consumidor”.
Calicate sostuvo que inyectarle líquidos al pollo “es una clara afectación al producto” que debería tener “un control de las áreas de Bromatología correspondientes”.
La denuncia del consumidor debe hacerse porque “esto afecta la característica esencial del alimento como el peso” ya que “si vos llevas un pollo que, por tanta cantidad de kilos va a satisfacer la necesidad alimenticia de tu familia, te vas a encontrar con que alguno se va a quedar con hambre” pero además, como no es legítimo que se inyecte liquido, tampoco se aclara su procedencia.
Se trata entonces de una medida inescrupulosa contra el ciudadano de a pie” añadió el funcionario que también puso en alerta sobre otras ideas “capciosas” de los supermercadistas.
Entre ellas que “al entrar a un supermercado vemos que lo primero con lo que nos topamos es con la parte de la indumentaria, las películas, los juguetes y al final está el almacén donde fuimos a buscar los fideos y la leche. Esto hace que terminemos comprando cosas que no necesitamos”.
Además, pidió estar “atentos” con la cartelería que se coloca “en punta de góndola” porque en el pasillo se suelen encontrar productos de igual característica mucho más baratos”.
También están los productos que “están al alcance de los niños como golosinas que las abren y la tenés que pagar”. En definitiva “nada de esto está prohibido pero te llevan compulsivamente al consumo erróneo”.


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