Andrés Carrasco falleció este fin de semana a los 67 años. Desde el Gobierno, probó la toxicidad del glifosato Roundup, clave para el cultivo de soja. Lino Barañao, ministro de Ciencia, encabezó a los funcionarios que se opusieron a sus estudios. Fue investigador en Estados Unidos y Europa.

Andrés Carrasco, el científico que denunció los efectos nocivos para la salud del glifosato y que acompañó hasta sus últimos días a las organizaciones sociales de los pueblos fumigados, falleció el viernes en Buenos Aires a los 67 años, y víctima de una penosa enfermedad.

Con más de treinta años de carrera en el campo científico, llegó a ser presidente del Conicet y jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA.

Tuvo descubrimientos importantes en la década del 80 y trabajó constantemente en los años '90. Así llegó al año 2009, cuando denunció los "efectos letales" del glifosato en una nota publicada ese año en Página/12.

En ese momento ocupaba el cargo de subsecretario de Defensa, y su trabajo fue duramente criticado por Lino Barañao, ministro de Ciencia y Tecnología, quien en todo momento sostuvo que las investigaciones de Carrasco se hacían fuera de las intenciones del Gobierno.

Sus denuncias permanentes contra el modelo agroquímico y el glifosato, provocaron polémicas tanto con las empresas como con distintos funcionarios y sectores políticos que arremetieron contra la veracidad de los estudios realizados por el científico.

En mayo de 2009, más de 300 científicos, intelectuales, referentes de los derechos humanos y organizaciones sociales nacionales y extranjeras salieron a respaldar sus trabajos, ante la descalificación que habían expresado compañías agroquímicas, cámaras empresarias, algunos funcionarios y medios de comunicación.

Como investigador, Carrasco realizó tareas en la Universidad de Basilea, Suiza, en el Instituto de Biología Celular y Molecular de la Universidad de Indiana y en la Universidad de Texas.
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