En un poema llamado “Las palabras”, el uruguayo Mario Benedetti escribía: no me ensucie las palabras/no les quite su sabor/y límpiese bien la boca/si dice revolución. Muchos años antes y en otro continente, alguien había dicho que las palabras eran la arena de combate de la lucha de clases. Que en los signos, en el lenguaje, en los discursos, se sucedía también la disputa por el mundo a construir.

Sin perder de vista entonces las luchas y resistencias palpables en las calles, en los barrios, en las realidades más cotidianas que esta nueva oleada neoliberal obliga a dar, necesitamos tampoco dejar de ver aquella otra batalla que no da descanso ni tregua: la de la lectura de la historia. La lucha por el derecho a nombrarnos. A narrar de dónde venimos, y con quiénes y hacia donde queremos ir.

No me ensucie las palabras

La polémica por el festejo de los 200 años de la independencia de la patria, comenzó cuando se dio a conocer que uno de los principales invitados sería el emérito rey de España. Juan Carlos de Borbón, además de representar muy concretamente la dominación política de la que el 9 de julio de 1816 Argentina se independizó, es repudiado por sus propios compatriotas por corrupción, autoritarismo y otros etcéteras. En relación o como consecuencia de esto, ninguno de los mandatarios latinoamericanos se hizo presente en los festejos realizados en la provincia de Tucumán.

En su discurso el presidente de la República Argentina reflexionó sobre los sentimientos que desde su parecer atravesarían aquellos patriotas del 1800. Su relectura de la historia, que supone llamar “querido rey” a Juan Carlos de Borbón, supone también adjudicarles la idea de angustia a los congresistas que en Tucumán formalizaron la ruptura de los vínculos de dependencia política con la monarquía española y renunciaron a toda dominación extrajera, evento que 200 julios después, Mauricio Macri redujo a “separación de España”.

Nada es demasiado sorprendente en este nuevo diccionario. Desde antes de asumir el gobierno del país, el PRO-Cambiemos viene trabajando en forma consciente y sistemática sobre los significados. Así la palabra “revolución” fue vaciada de poder al estar acompañada por el obligado sintagma “de la alegría”. La palabra “cambio” parece destinada a dejar de usarse en política por su asociación inmediata a que los pobres vivamos más pobremente. Las palabras “diálogo y consenso” empezaron a repetirse como un padre nuestro que aparece increíblemente disociado del cierre de medios de comunicación, del despido de periodistas o de las patotas que destruyen redacciones de diarios.

Que a este universo de nuevos significados se le sumen también nuevos conceptos, es hasta esperable. Lo insólito es quizás, el cinismo en las asociaciones. Porque ¿de qué otra forma que no sea cínica se puede adjudicar angustia a un proceso de liberación? ¿Cómo se hace para pensar angustiados a aquellos que proclamaron convencidos que no importaba más nada que la libertad? ¿Qué, sino el cinismo, puede llevar a imaginar con angustia a aquellos que después de siglos de opresión veían en la gesta independentista la posibilidad de ser dueños de una vez por todas de sus propias vidas?

Sobre héroes y tumbas

Como desde hace mucho no sucedía en el país, la celebración de una fecha patria y popular no tuvo como principal protagonista al pueblo. El plato fuerte que el macrismo eligió servir tuvo un sabor castrense. Prolijos militares de nuestro país y de países extranjeros desfilaron el domingo por las calles de Palermo y culminaron el acto en uno de los lugares más exclusivos de la ciudad: el campo de Polo.

Si bien el presidente había anunciado por su cuenta de Twitter su ausencia en los desfiles aduciendo cansancio, finalmente se hizo presente. Claro, el cansancio era una excusa que sonaba a poco, sobre todo cuando el día anterior se había despachado fuerte contra los trabajadores de la patria acusándolos de ausentarse de sus lugares de trabajo con licencias desmesuradas o de querer reducir al mínimo sus jornadas laborales.

Es cierto, es el mismo presidente que en poco más de seis meses de mandato gozó de al menos dos extensas jornadas de descanso. Y que cuando en el 2006 fue diputado estuvo ausente en 277 votaciones, y que luego como jefe de Gobierno porteño se tomó 260 días de vacaciones. Pero no hay que ser mal pensados porque viva el amor.

Finalmente entonces, el domingo Mauricio Macri sí estuvo presente mirando como los militares desfilaban. Y no hubo banderas ni expresiones propias que se corrieran de las -sinceradas- oficiales, salvo dos. Llegado el presidente al palco, fue homenajeado con un cartel que rezaba “los derechos humanos para los humanos derechos”, slogan que mandó a diseñar la dictadura argentina en 1979 para limpiar su imagen ante la vista de la OEA.

Otro cartel, pegado en un auto, saludaba a los “héroes del Operativo Independencia”, antesala sangrienta de la dictadura: los militares del llamado “Operativo Independencia” torturaron y asesinaron en Tucumán a cientos de jóvenes en el año 1975. Estos genocidas renombrados héroes, también desfilaron en el bicentenario macrista.

La pasarela de golpistas se completó con el ex carapintada Aldo Rico, que saludó desde un jeep ubicado en la columna de los ex combatientes de Malvinas. En este contexto, que las propuestas de esparcimiento hayan sido las bandas militares de la monarquía España o de la potencia imperial estadounidense es casi una anécdota.

Por esto, o pese a esto, será que la clave para el pueblo argentino siga siendo la misma: pensar a la independencia como un horizonte. Como una tarea esencialmente histórica que es tan nuestra como son nuestras sus victorias definitivas y sus derrotas parciales. Como son nuestros los héroes, que no son los mismos que los que este bicentenario amarillo hizo desfilar por los barrios más caros de la ciudad. Héroes que no sintieron angustia alguna frente a la posibilidad de concebir un pueblo libre. Héroes que fueron también heroínas, mujeres que pensaron con coraje y actuaron en consecuencia a lo largo de estos dos siglos. Héroes necesariamente colectivos. Nuestros como la gesta heroica de la independencia, parte de un proceso de emancipación siempre latinoamericano y popular.

Es nuestra la tarea de construir otro futuro. También es nuestro el derecho de pelear por una narración que haga justicia a nuestra propia historia.
Axact

TNC

R1U

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