Confundir caliente con calórico, olvidarnos de hidratarnos y convertirnos en víctimas del encierro pueden ser factores que terminen alterando salud y silueta. Pero atención, el propósito de dietas urgentes también puede jugarnos en contra. Aquí lo básico para no perder de vista.

Las hojas del calendario caen como las de los árboles en otoño, los días fríos comienzan y, con ellos, nuestro enemigo más temido: el aumento de peso. ¿Por qué tendemos a engordar más en esta época del año? Algunos mitos alrededor de la alimentación, malos hábitos y también cuestiones biológicas intervienen en este proceso.


La médica nutricionista Andrea Miranda (MN 149.634), directora de la Sociedad Argentina de Estética y Nutrición Integral (SAENI) explicó estas causas y dio algunas pautas para prevenir los kilos de más.

• Caliente sí, calórico no. Que durante los días fríos hay que ingerir mayor cantidad de calorías para mantener el calor corporal es un mito. Para ello basta con que las preparaciones sean calientes: “Nuestro cuerpo se termoregula inteligentemente; si tenemos frío, nos podemos abrigar, acercarnos a la estufa, poner calefacción o tomar un baño de inmersión caliente. Hay que alimentarse adecuadamente durante todo el año teniendo en cuenta las necesidades según nuestra edad y la actividad física que realizamos, no solo para no aumentar de peso, sino para mantenernos saludables”, explica Andrea Miranda.

Las sopas, caldos, cazuelas de vegetales, guisos light con verduras, pasteles de verduras y budines de vegetales son excelentes opciones para incorporar. “Las comidas pueden acompañarse con infusiones, si es necesario, para aportar más calor a nuestro cuerpo”. Para el postre, cuando la necesidad por comer algo dulce suele ser imperiosa, “frutas al horno o al microondas para comer calientes”, aconseja Miranda.

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• Hidratación todo el año. No hay que descuidar en esta época del año el consumo de agua, ya que es fundamental para eliminar toxinas y mantenernos hidratados. Para llegar a los 2 ó 3 litros recomendados, las infusiones calientes son una excelente y reconfortante alternativa. Las frutas y verduras que ingerimos, además de nutrirnos y ayudarnos a mantener el peso, nos aportan cierta cantidad de agua. “Hay que tener cuidado con las gaseosas y bebidas azucaradas, tienen un alto contenido calórico y no hidratan lo suficiente ni brindan sensación de saciedad”, aclara Miranda.


• Ante la desesperación, no caer en dietas restrictivas. También corremos peligro de recurrir a dietas milagrosas con resultados en corto tiempo, pero engañosas ya que provocan el famoso efecto rebote: recuperamos enseguida el peso perdido o incluso ganamos más kilos que los que teníamos al principio. “Esto sin contar los riesgos para la salud como el déficit de proteínas, vitaminas y minerales, efectos psicológicos adversos, trastornos en la conducta y letargo en el sistema metabólico al finalizar el régimen”, concluye la nutricionista.
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