Llueven críticas por la inflación que supera las metas anunciadas: el 17% para 2017 y un 10% para 2018. Sin embargo, el BCRA no tiene responsabilidad por la actual inflación, de acuerdo con las políticas llevadas a cabo.
Primero debemos comprender cómo se determinan los precios. Tenemos dos componentes principales: los precios de los bienes transables internacionalmente y los no transables. Argentina es una economía pequeña, en el mundo, y sus variaciones de demanda neta no afectan significativamente los precios internacionales. Al menos en la mayoría de los rubros. Su misma pequeñez explica la elevada incidencia de los bienes transables en los precios internos, no obstante lo cerrado de su economía. (Cualquier provincia es más abierta que el conjunto del país y el planeta es totalmente cerrado). Los precios de los bienes comercializables resultan del valor internacional más los costos de importarlos -o menos los gastos de exportarlos- los impuestos y otros gastos aplicados, los costos de comercializarlos internamente, salarios, costos financieros y ganancia del proveedor. Ejemplo: si un producto vale 100 dólares en el exterior, importarlo insume gastos por 20, sufre impuestos aduaneros de 30, requiere sueldos por 10, cargas financieras por 15 y la ganancia prevista es de 18, el precio de venta mayorista, antes del IVA e impuestos a la venta y demás gastos de comercialización, sería 193. Indudablemente la variación del tipo de cambio siempre tuvo y tendrá una fuerte repercusión. Las devaluaciones siempre elevan los precios internos.

Los bienes no comercializables internacionalmente tienen costos locales, por salarios, insumos, alquileres, tarifas de servicios públicos, transporte, impuestos y ganancia. A su vez, buena parte de esos gastos están vinculados con los valores de los bienes transables, entre ellos combustibles. También los salarios están condicionados por los precios de los transables, como comida y transporte. El Estado argentino no provee servicios en consonancia con los desproporcionados impuestos que cobra para pagarlos. Además la economía argentina está trabada por un conjunto de "protecciones" a diferentes sectores, empresarios, sindicales, gremiales, gobiernos provinciales y nacional, etc, que encarecen las actividades y nos hacen más pobres y menos competitivos. Las tarifas de los servicios públicos están rezagadas y por eso se ajustan. Los impuestos están demasiado avanzados pero no se reducen, por las ineficiencias del Estado.

Por otro lado, no se puede sostener que la emisión monetaria sea elevada, cuando el tipo de cambio está rezagado, respecto de la inflación. Es más, cuando BCRA reduzca las tasas de interés, la cotización del dólar subirá impulsando los precios al alza.

De manera que las actividades resultan demasiado onerosas y los precios muy caros, en relación con los valores internacionales. Además las autoridades no han presentado un programa integral y detallado creíble tendiente a bajar rotundamente las perspectivas de costos en continua alza. Encima, existe un impulso privado (por expectativas de mejores condiciones) y también fiscal poderoso para aumentar la demanda global recurriendo al crédito del exterior. Si nadie cede "protecciones" y "conquistas", ¿cómo disminuirían los costos y precios? ¿Qué posibilidades de reducir la pobreza y aumentar los ingresos generales de acuerdo a las reales posibilidades de nuestra gente si se mantienen los obstáculos a la producción?

El tiempo insumido en correcciones graduales puede acabar en frustraciones concretas a la hora de las decisiones importantes.

Loamos la libertad. Pero sólo para nuestro sector. Para otros pedimos restricciones y así ganar ventajas personales. En sentido amplio, libertad significa ausencia de obstáculos innecesarios. Como los impuestos en diferentes leyes y regulaciones que nos empobrecieron y continúan haciéndolo. Estamos lejos del programa de reorganización nacional sancionado en la Constitución de 1853/60 que hizo prosperar a la Argentina.

Axact

TNC

R1U

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