Por ignorancia, tal vez. Pero no parece. Seguro que por racismo. Sí, seguro que por eso. Por eso es que el presidente dijo lo que dijo en Davos. Ahí mismo, en el Cantón de los Grisones, donde la tierra suiza comienza a meterse en la frontera con Austria, territorio de amantes de “la pureza racial”. Allí se despachó con una nueva brutalidad : “en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”. Y con esa afirmación pretendió subyugar a los capitales de allende los mares y, lo que resulta de penosísima gracia, colar al Mercosur en la Unión Europea. Seguramente no lo sabe. Y si lo sabe no le interesa, o prefiere ignorarlo. Pero el contenido de su expresión es tan falso como la piscina de Larreta.

Por ignorancia, tal vez. Pero no parece. Seguro que por racismo. Sí, seguro que por eso. Por eso es que el presidente dijo lo que dijo en Davos. Y lo dijo ni más ni menos que ahí, en ese cónclave, allí donde se cuece la pobreza del universo, donde los poderosos y ricachones imaginan el mundo que pretenden para ellos y sólo para los que son como ellos. En ese aquelarre de magnates, en ese sínodo anual de amantes del sudor ajeno, en ese festival de gerentes expoliadores. Ahí mismo, en el Cantón de los Grisones, donde la tierra suiza comienza a meterse en la frontera con Austria, territorio de amantes de “la pureza racial”. Allí se despachó con una nueva brutalidad. También habló de fútbol, claro, pero además dijo que “en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”. Y con esa afirmación pretendió subyugar a los capitales de allende los mares y, lo que resulta de penosísima gracia, colar al Mercosur en la Unión Europea.
Seguramente no lo sabe. Y si lo sabe no le interesa, o prefiere ignorarlo. Pero el contenido de su expresión es tan falso como la piscina de Larreta. No analizo, ahora, lo conveniencia o perjuicio de asociarse al mercado europeo, que sospecho más peligroso que taller textil de Awada, solo me refiero a lo que dijo el Presidente cuando dijo lo que dijo.

– Que no, señor Presidente. Que lo que usted dijo no es verdad. Que no es cierto eso de que “los argentinos vinimos de los barcos”, ni mucho menos que la mayoría de los sudamericanos (ojo, nada de sudacas) somos descendientes de europeos. No. Por mucho que le pese, la cuenta es al revés. Los genes mayoritarios son de pueblos aborígenes.

Del resto de los países no hace falta decir nada, se ve en los rostros de su pueblo. Pero también los argentinos somos mayoritariamente de acá.

Hace más de diez años, el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, dirigido por Daniel Corach, doctor en biología, llegó a la conclusión de que casi el 60 por ciento de la población argentina (el 56%, para ser exactos) tiene componentes genéticos amerindios, es decir, con antecedentes indígenas.

– ¿Y? ¿Qué nos cuenta ahora? Si hasta la madre de San Martín, la abuela de la patria, era de origen guaraní. ¡Ah! ¿No lo sabía? Pregúntele al profesor Hugo Chumbita, abogado e historiador, se lo va a explicar mejor que nadie.

No sé si estos datos servirán de mucho para sus intereses político-comerciales. Probablemente no. Pero no importa. Y no se angustie por ello, que como dice Serrat, “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. (Pero, ¡qué casualidad!, casi como usted).

Por SERGIO ZALBA
Axact

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