--Soñé que tenía sexo con Mark Ruffalo. Me desperté sonriendo. Fue todo muy detallado y tuve un orgasmo hermoso… --L se ríe detrás del teléfono. Toma aire y suspira: --Me dio una nostalgia...



Luego, silencio. Cuando se apaga la risa, surgen las dudas. A veces, dice L, está bien, entretenida con sus cosas, trabajo, hijos, clases de gimnasia, pero cuando llega el fin de semana, la angustia aparece.Si supieras que se acaba el mundo, ¿qué harías? Esa pregunta que nos hacíamos de chicos, tenía una respuesta obligada: tener sexo hasta morir. En ese momento, no se nos ocurría que justamente tener sexo, ni hablar del amor, no iba a ser tan fácil a las puertas del fin del mundo como lo conocíamos. En soltería, sin pareja o vínculo sexual conocido, las preguntas se multiplican: ¿vamos a volver a tener sexo? ¿Y amor? ¿Cómo? ¿Con quién? Porque lo de la virtualidad puede funcionar ¿pero hasta cuándo? 

Las empresas de aplicaciones de citas dicen que la cantidad de usuarios no bajó y que incluso aumentó con la cuarentena, hubo más videochats y más conversaciones. Habilitaron algunas posibilidades que antes eran pagas como conectarse con personas del otro lado del mundo, por ejemplo, y no dejan de recomendar el cuidado y la distancia. Habrá que ver qué de todo ese burbujeo de mensajes que alimenta la fantasía, el cachondeo, el sentirse un poco deseado/a termina en algo concreto. Es cierto que antes de la pandemia tampoco era fácil el encuentro con alguien en la misma sintonía. Según Mariana Palumbo, investigadora del Conicet que estudió los vínculos en las aplicaciones para citas, se están generando estrategias para que el erotismo siga:

--Las aplicaciones se usan para mirar, para pispear, para entrar en contacto. Los guiones románticos siguen siendo los mismos, lo que no se aceptaba antes tampoco se aceptará ahora y lo que gustaba antes también va a gustar ahora. Además, hay aprendizaje, no es lo mismo al comienzo de la cuarentena que ahora. Hay miedos que ya se disiparon, otros que aparecen. Algunas personas optan por verse, sobre todo las más jóvenes y/o solas. La gente se encuentra a caminar, en el supermercado, a ver si te gusta o no te gusta. Alguien organiza, por ejemplo, el día que veo a mi mamá a la noche veo a alguien y después espero diez días más, como que se hace una cuarentena dentro de la cuarentena. Pero sí se empiezan a ver más. 

Se promueve la espera, un estado, un lenguaje olvidado en este siglo. La espera puede aumentar el deseo pero también boicotearlo. En la novela La peste, los personajes de Albert Camus tienen parejas que han quedado en otra ciudad. Uno de ellos se desespera por escapar de Orán para a ver a su amada, hace varias tratativas clandestinas para la huida, pero al final desiste, engullido en el drama por la supervivencia que instaló la peste.

L alguna vez usó aplicaciones de citas pero ahora lo duda. Las charlas virtuales eternas la desgastan. Si no hay fecha concreta de encuentro ¿cómo seguir, qué sostener, qué buscar? Para V, otra mujer en los cuarenta, con la llegada de la pandemia, las aplicaciones de citas quedarán en el pasado. Ella, separada hace varios años, las usaba. Justo antes que se decretara el aislamiento social había conocido a alguien. Se vieron algunas veces, luego siguieron virtualmente, y después se animaron a encontrarse. El marco de la cuarentena le dio profundidad a la relación. Algo que la asusta por momentos. Pero en otros se siente aliviada de tener ese salvavidas para afrontar estos tiempos turbulentos. 

B nunca dudó de que iba a seguir en su búsqueda del amor a pesar de cualquier restricción. Vive sola y es de las que piensa que por su salud mental no puede confinarse por tiempo indeterminado. Incluso tuvo un cruce con su psicóloga que daba por sentado que pospondría su búsqueda. De ninguna manera, le dijo B. Tuvo dos citas en cuarentena. Caminando y en el departamento. Siempre tomando recaudos, como saber que se está con una persona cuidadosa. La covid-19 parece un cuco demasiado abstracto frente a los viejos fantasmas de una vida en soledad. 

M tampoco es de las temerosas. Probó con un ex que de repente apareció. Muchos quieren ir a lo seguro --mejor conocido--, aunque no haya garantía de nada. Pero así y todo no estuvo bien. Cuando estuvieron cuerpo a cuerpo la paranoia se instaló entre los dos. No volvió a intentarlo. J, treintañero, está en el horno, dice, porque nunca le gustó el acercamiento virtual. Tenés que conocer a la persona, que te pase algo con la presencia. Algo que por estos días es el lujo de los emparejados. 

Se promueven la masturbación y el sexo virtual, como grandes salvadores. No parecen estar a la altura si lo que se busca es un vínculo en profundidad. Y también tienen sus riesgos (ver aparte). Son parches, maneras de llevar los días, hasta caer en la cuenta de lo difícil que es y será esta nueva normalidad a distancia para encontrar pareja. En los consultorios psi lo ven, la falta de contacto físico está pegando fuerte.  Algunas investigaciones también indagaron sobre ese punto. Lo que más se extraña es el contacto con familiares, amigos/as y parejas (88%). Este fue el motivo que más impulsó a quebrar el aislamiento, aunque solo en el 5,6% de los casos, según la investigación “Cambios en los usos y valoraciones de los espacios públicos y privados en la Región Metropolitana de Buenos Aires: la vida cotidiana en tiempos de aislamiento obligatorio por covid-19”, del Grupo de Estudios Culturales y Urbanos (GECU) del Instituto Gino Germani. (http://gecu.com.ar/ )

Hace unos días repusieron la película Avatar (antes incluso de la moda de hacerte tu propio avatar en Facebook). El avatar puede correr aunque quien se encarne en él esté en sillas de ruedas. Pensé en las segundas vidas que esto ofrece. En su libro Ciudad Pánico, el pensador francés Paul Virilo menciona las ciudades privadas donde las personas se auto encierran por miedo a la inseguridad después del 2001. Habla de un presente-futuro donde los “transportes amorosos” se resumirían en unos gestos. Un amante se consigue pegando un avatar con otro, relata Virilo y se lamenta de ese regreso al juego con muñecas. En un punto, esas imágenes de nosotros mismos que se replican a través de los encuentros por Zoom o por video llamada son como nuestros avatares. Por momentos, nuestra vida (amorosa) se parece a un video juego. Sin contacto físico, soñamos con Mark Ruffalo y nos conformamos con la masturbación por video chat. “Con la pérdida del contacto físico, la pantalla de la terminal anula el impacto de las emociones ayer compartidas”, dice Virilo. ¿Habrá que aprender a construir nuevas? ¿Ya lo estamos haciendo, como dice Palumbo? Preguntas.

La falta de contacto

“Lo duro es el tema de no contacto físico. Es una de las cuestiones más complejas. La distancia física está pegando fuerte”, dice Débora Tajer, profesora Adjunta Regular en Universidad de Buenos Aires (UBA), con un Doctorado en Psicología Clínica en UBA y una Maestría en Ciencias Sociales con mención en Salud en (Flacso) que habló sobre las dificultades de la pandemia en soledad. 

Consultada sobre lo que está pasando con la sexualidad, dice que “si bien parte de lo que se dice es que aun en las personas acompañadas la libido está baja, para las personas solas es complejo”. “Tengo pacientes que se escapan y tienen un encuentro sexual con parejas. O no se escapan pero hacen sus encuentros, hacen un aislamiento comunitario. Tal vez van a la casa de la pareja y se quedan dos o tres días y vuelven –enumera-. También está el tema de la persona que es una única adulta que está con chicos. Eso también es un tipo de soledad porque si bien están con hijos, están a cargo de todas las tareas de la casa. La mayoría son mujeres, algunas hacen la tenencia compartida, están una semana uno y una semana otro. Entonces esa semana se ve con su pareja y está el tema de pensar en el riesgo en que se ponen. Pero una de ellas me hablaba del bienestar psíquico versus el riesgo físico. También la gente joven no se piensa grupo de riesgo. Piensa que se van a contagiar pero que no se van a morir. Entonces, no lo temen para sí”. Las recomendaciones para este tiempo de tránsito, según Tajer son: “Respetarse, bancarse. Si deciden ver a alguien, tener en cuenta que se comparten riesgos y tener en cuenta a quien van a ver. Saber que eso ya sería una cuarentena comunitaria y hablarlo”.

--Soñé que tenía sexo con Mark Ruffalo. Me desperté sonriendo. Fue todo muy detallado y tuve un orgasmo hermoso… --L se ríe detrás del teléfono. Toma aire y suspira: --Me dio una nostalgia...

Luego, silencio. Cuando se apaga la risa, surgen las dudas. A veces, dice L, está bien, entretenida con sus cosas, trabajo, hijos, clases de gimnasia, pero cuando llega el fin de semana, la angustia aparece. 

Si supieras que se acaba el mundo, ¿qué harías? Esa pregunta que nos hacíamos de chicos, tenía una respuesta obligada: tener sexo hasta morir. En ese momento, no se nos ocurría que justamente tener sexo, ni hablar del amor, no iba a ser tan fácil a las puertas del fin del mundo como lo conocíamos. En soltería, sin pareja o vínculo sexual conocido, las preguntas se multiplican: ¿vamos a volver a tener sexo? ¿Y amor? ¿Cómo? ¿Con quién? Porque lo de la virtualidad puede funcionar ¿pero hasta cuándo? 

Las empresas de aplicaciones de citas dicen que la cantidad de usuarios no bajó y que incluso aumentó con la cuarentena, hubo más videochats y más conversaciones. Habilitaron algunas posibilidades que antes eran pagas como conectarse con personas del otro lado del mundo, por ejemplo, y no dejan de recomendar el cuidado y la distancia. Habrá que ver qué de todo ese burbujeo de mensajes que alimenta la fantasía, el cachondeo, el sentirse un poco deseado/a termina en algo concreto. Es cierto que antes de la pandemia tampoco era fácil el encuentro con alguien en la misma sintonía. Según Mariana Palumbo, investigadora del Conicet que estudió los vínculos en las aplicaciones para citas, se están generando estrategias para que el erotismo siga:

--Las aplicaciones se usan para mirar, para pispear, para entrar en contacto. Los guiones románticos siguen siendo los mismos, lo que no se aceptaba antes tampoco se aceptará ahora y lo que gustaba antes también va a gustar ahora. Además, hay aprendizaje, no es lo mismo al comienzo de la cuarentena que ahora. Hay miedos que ya se disiparon, otros que aparecen. Algunas personas optan por verse, sobre todo las más jóvenes y/o solas. La gente se encuentra a caminar, en el supermercado, a ver si te gusta o no te gusta. Alguien organiza, por ejemplo, el día que veo a mi mamá a la noche veo a alguien y después espero diez días más, como que se hace una cuarentena dentro de la cuarentena. Pero sí se empiezan a ver más. 

Se promueve la espera, un estado, un lenguaje olvidado en este siglo. La espera puede aumentar el deseo pero también boicotearlo. En la novela La peste, los personajes de Albert Camus tienen parejas que han quedado en otra ciudad. Uno de ellos se desespera por escapar de Orán para a ver a su amada, hace varias tratativas clandestinas para la huida, pero al final desiste, engullido en el drama por la supervivencia que instaló la peste.

L alguna vez usó aplicaciones de citas pero ahora lo duda. Las charlas virtuales eternas la desgastan. Si no hay fecha concreta de encuentro ¿cómo seguir, qué sostener, qué buscar? Para V, otra mujer en los cuarenta, con la llegada de la pandemia, las aplicaciones de citas quedarán en el pasado. Ella, separada hace varios años, las usaba. Justo antes que se decretara el aislamiento social había conocido a alguien. Se vieron algunas veces, luego siguieron virtualmente, y después se animaron a encontrarse. El marco de la cuarentena le dio profundidad a la relación. Algo que la asusta por momentos. Pero en otros se siente aliviada de tener ese salvavidas para afrontar estos tiempos turbulentos. 

B nunca dudó de que iba a seguir en su búsqueda del amor a pesar de cualquier restricción. Vive sola y es de las que piensa que por su salud mental no puede confinarse por tiempo indeterminado. Incluso tuvo un cruce con su psicóloga que daba por sentado que pospondría su búsqueda. De ninguna manera, le dijo B. Tuvo dos citas en cuarentena. Caminando y en el departamento. Siempre tomando recaudos, como saber que se está con una persona cuidadosa. La covid-19 parece un cuco demasiado abstracto frente a los viejos fantasmas de una vida en soledad. 

M tampoco es de las temerosas. Probó con un ex que de repente apareció. Muchos quieren ir a lo seguro --mejor conocido--, aunque no haya garantía de nada. Pero así y todo no estuvo bien. Cuando estuvieron cuerpo a cuerpo la paranoia se instaló entre los dos. No volvió a intentarlo. J, treintañero, está en el horno, dice, porque nunca le gustó el acercamiento virtual. Tenés que conocer a la persona, que te pase algo con la presencia. Algo que por estos días es el lujo de los emparejados. 

Se promueven la masturbación y el sexo virtual, como grandes salvadores. No parecen estar a la altura si lo que se busca es un vínculo en profundidad. Y también tienen sus riesgos (ver aparte). Son parches, maneras de llevar los días, hasta caer en la cuenta de lo difícil que es y será esta nueva normalidad a distancia para encontrar pareja. En los consultorios psi lo ven, la falta de contacto físico está pegando fuerte.  Algunas investigaciones también indagaron sobre ese punto. Lo que más se extraña es el contacto con familiares, amigos/as y parejas (88%). Este fue el motivo que más impulsó a quebrar el aislamiento, aunque solo en el 5,6% de los casos, según la investigación “Cambios en los usos y valoraciones de los espacios públicos y privados en la Región Metropolitana de Buenos Aires: la vida cotidiana en tiempos de aislamiento obligatorio por covid-19”, del Grupo de Estudios Culturales y Urbanos (GECU) del Instituto Gino Germani. (http://gecu.com.ar/ )

Hace unos días repusieron la película Avatar (antes incluso de la moda de hacerte tu propio avatar en Facebook). El avatar puede correr aunque quien se encarne en él esté en sillas de ruedas. Pensé en las segundas vidas que esto ofrece. En su libro Ciudad Pánico, el pensador francés Paul Virilo menciona las ciudades privadas donde las personas se auto encierran por miedo a la inseguridad después del 2001. Habla de un presente-futuro donde los “transportes amorosos” se resumirían en unos gestos. Un amante se consigue pegando un avatar con otro, relata Virilo y se lamenta de ese regreso al juego con muñecas. En un punto, esas imágenes de nosotros mismos que se replican a través de los encuentros por Zoom o por video llamada son como nuestros avatares. Por momentos, nuestra vida (amorosa) se parece a un video juego. Sin contacto físico, soñamos con Mark Ruffalo y nos conformamos con la masturbación por video chat. “Con la pérdida del contacto físico, la pantalla de la terminal anula el impacto de las emociones ayer compartidas”, dice Virilo. ¿Habrá que aprender a construir nuevas? ¿Ya lo estamos haciendo, como dice Palumbo? Preguntas.

La falta de contacto

“Lo duro es el tema de no contacto físico. Es una de las cuestiones más complejas. La distancia física está pegando fuerte”, dice Débora Tajer, profesora Adjunta Regular en Universidad de Buenos Aires (UBA), con un Doctorado en Psicología Clínica en UBA y una Maestría en Ciencias Sociales con mención en Salud en (Flacso) que habló sobre las dificultades de la pandemia en soledad. 

Consultada sobre lo que está pasando con la sexualidad, dice que “si bien parte de lo que se dice es que aun en las personas acompañadas la libido está baja, para las personas solas es complejo”. “Tengo pacientes que se escapan y tienen un encuentro sexual con parejas. O no se escapan pero hacen sus encuentros, hacen un aislamiento comunitario. Tal vez van a la casa de la pareja y se quedan dos o tres días y vuelven –enumera-. También está el tema de la persona que es una única adulta que está con chicos. Eso también es un tipo de soledad porque si bien están con hijos, están a cargo de todas las tareas de la casa. La mayoría son mujeres, algunas hacen la tenencia compartida, están una semana uno y una semana otro. Entonces esa semana se ve con su pareja y está el tema de pensar en el riesgo en que se ponen. Pero una de ellas me hablaba del bienestar psíquico versus el riesgo físico. También la gente joven no se piensa grupo de riesgo. Piensa que se van a contagiar pero que no se van a morir. Entonces, no lo temen para sí”. Las recomendaciones para este tiempo de tránsito, según Tajer son: “Respetarse, bancarse. Si deciden ver a alguien, tener en cuenta que se comparten riesgos y tener en cuenta a quien van a ver. Saber que eso ya sería una cuarentena comunitaria y hablarlo”.


Sexualidad y aislamiento

Diana Zilberman, educadora en sexualidad y género (UBA) y Diplomada en Salud sexual y Reproductiva (UNSAM) dice que no podemos dejar de lado la sexualidad durante la pandemia: “La sexualidad es fundamental para nuestra vida y necesaria dentro de la cuarentena, será muy importante mantenerla viva y cada quien elegirá cómo, y con quien. Pero siempre será necesario evaluar los riesgos que ello conlleva”, dice a Pagina12. “Cada une decide como transitarla: algunes con el sexo virtual o sexting, otres por medio de la automasturbación o en compañía, otres con películas pornográficas, o por las distintas aplicaciones que ofrece la virtualidad, o con juguetes eróticos, y otres poniendo pausa a su sexualidad con la abstinencia”, explica.

--Se recomienda el sexo virtual como “el gran salvador”, ¿qué opina?

--Para realizarlo tenemos que tener en cuenta algunas cosas importantes: Primero, saber y tener confianza a quien se la vamos a enviar nuestras imágenes. Segundo, tener en cuenta que nuestras imágenes se deben enviar sin el rostro y sin ninguna seña particular que nos pueda reconocer. Tercero, saber elegir que App vamos a utilizar o el soporte tecnológico. Hay algunas Apps como Instagram que tienen opciones que permiten que la foto o el video se vea por algunos segundos y luego desaparezca, otras en las que dura la imagen durante 24 hs, ese tiempo de duración es a veces lo que hace que una App sea más o menos segura, porque da tiempo a la captura de la imagen y tal vez que se pueda llegar a compartir o no. El riesgo que corremos es que nuestra imagen sea reenviada sin que estemos de acuerdo, o aparezca en sitios pornográficos o en perfiles falsos ofreciendo sexo. 

--¿Cómo conocer gente en este contexto? 

--Lo podemos hacer a través de distintas App: Tinder, Instagram, Tik Tok, Twitter, LinkedIn, Amigos adultos, Encontrar maduros, Flirt Me, SeniorMeetMe, Parejas en Facebook, Messenger, Telegram. Muchas de ellas antes de la pandemia no se usaban con este objetivo y actualmente sí. Por supuesto que son solo intercambios de chat, llamadas, videollamadas, envío de fotos o videos, que ayudan a ir conociendo a la persona, sin olvidarnos que lo estamos realizando en forma virtual y lo virtual, ya sabemos, tiene riesgo. Muchos han roto con la cuarentena para tener algún encuentro con aquellas personas que conocieron por medio de las app, pero ya conocemos los riesgos que eso conlleva. 


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